Sálvame, Señor, ten
misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el camino recto, en la asamblea
bendeciré al Señor.
Rédime me, Dómine, et miserére mei. Pes enim
meus stetit in via recta, in ecclésiis benedícam Dóminum.
Oremos:
Señor, Padre santo, que para nuestro progreso espiritual nos mandaste dominar
nuestro cuerpo mediante la austeridad; ayúdanos a libranos
de todo pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tus mandamientos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Hemos pecado, Señor, hemos
cometido iniquidades
Lectura del libro del profeta
Daniel
9, 4-10
En aquellos días, imploré al Señor
mi Dios, e hice esta confesión:
"Señor Dios grande y terrible, que mantienes la alianza y eres fiel con
aquellos que te aman y cumplen tus mandamientos. Nosotros hemos pecado, somos
culpables de innumerables delitos; hemos sido perversos y rebeldes y nos hemos
apartado de tus mandatos y preceptos. No hemos hecho caso a tus siervos los
profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a
nuestros antepasados y a todo el pueblo.
Tú, Señor, eres justo; nosotros en cambio, hombres de Judá
y habitantes de Jerusalén, nos sentimos hoy avergonzados; así como todos los
israelitas, tanto los que están cerca, como los que están lejos en los países a
los que tú los arrojaste por haberse rebelado contra ti.
Nos sentimos, Señor, avergonzados, lo mismo que nuestros reyes, príncipes y
antepasados, porque hemos pecado contra ti. Pero el Señor, nuestro Dios, es
misericordioso y clemente, aunque nos hayamos rebelado contra él y no hayamos
escuchado su voz ni practicado las leyes que nos dio por medio de sus siervos
los profetas".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 78, 8.9.11 y 13
Señor, no nos trates como
merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.
No recuerdes para castigarnos
las culpas de otros tiempos; compádecete pronto de
nosotros, porque estamos extenuados en la miseria.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.
Ayúdanos, Dios salvador
nuestro, por la gloria de tu nombre; líbranos y borra nuestros pecados, por tu
nombre.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.
Llegue hasta ti el lamento del
cautivo, con el poder de tu brazo salva a los condenados a muerte. Y nosotros,
que somos tu pueblo y ovejas que tú apacientas, te daremos gracias eternamente,
cantaremos tus alabanzas de generación en generación.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.
Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt; verba vitae aeternae habes.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Perdonen y serán perdonados
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
6, 36-38
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso. No juzguen, y Dios
no los juzgará; no condenen, y Dios no los condenará; perdonen, y Dios los
perdonará. Den, y Dios les dará: les darán una buena medida, repleta, apretada,
desbordante.
Porque con la medida con que midan, Dios los medirá a ustedes".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Recibe, Señor, favorablemente nuestras
oraciones, y tú que nos concedes participar en esta Eucaristía, líbranos de las
seducciones del pecado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los frutos del ayuno
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno,
Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro
espíritu, nos das fuerza y recompensa, por Cristo, Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria,
unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando
humildemente tu alabanza:
[Misa]
Sean misericordiosos como su
Padre es misericordioso, dice el Señor.
Estóte misericórdes sicut et Pater vester miséricors est, dicit Dóminus.
Oremos:
Señor, que esta comunión nos purifique de toda culpa y nos haga partícipes de
las alegrías del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.